miércoles, 14 de mayo de 2014

MI HISTORIA - PARTE 1

Una alegría nostálgica me embarga en este instante, al recordar que soy consecuencia del amor que tanto perseguí durante toda mi vida. Mis padres siempre fueron mi ejemplo y motivo de mi admiración. Ambos, amándome incondicionalmente y cuidando de mí en todo momento. Mis primeros 5 años los pasé casi, en su totalidad, a su lado. Mi aprendizaje en general sobre la vida estuvo guiado por su cariño y su unión. Ellos son personas muy inteligentes y cultas, ambos con carreras universitarias. Desde pequeño me acostumbré, además del respeto y cariño, a un ambiente maduro y de conversaciones lejanas a lo coloquial. Mi curiosidad era alimentada por la ciencia, y mis sentimientos se cultivaban en la moral y la empatía. Sin embargo, la ingenuidad fue algo que no pude desterrar con rapidez durante esta etapa. Cuando era niño tendía a pensar demasiado bien sobre las personas. No era que ignorara que había gente mala. Pero lo poco tratados que habían sido temas como la crueldad y el odio en mi casa, me había llevado a creer que la maldad era la característica de un grupo humano minoritario, y con el que tal vez tendría la suerte de nunca cruzarme. Por supuesto, bajo esta mirada, no concebía si quiera el hecho de que los niños llegaran a ser crueles con sus semejantes, ya fuera por inmadurez o por verdadera maldad, resentimiento y envidia.
El kínder fue un tiempo en el que todo fue grato. Allí fui un niño enamoradizo, que en su último año, le regalaba flores del jardín del vecino a una pequeña compañera de clase. Luego se dio mi primera transferencia a otra institución educativa. Esos dos primeros años estuvieron algo ausente de memorias escolares, ya que se presentó uno de los primeros grandes males de mi vida: el asma.
Casi siempre estaba en mi casa, hacía la tarea ahí, e iba a clase solo cuando realmente podía. En esos días también fue cuando me dio varicela, una etapa caracterizada por lo enfermizo y delicado de mi estado. Sin embargo, había sido capaz de hacer algunos amigos con los que me gustaba pasar el rato las escasas veces que asistía a clases. Aunque no era lo único a lo que me dedicaba. Nuevamente, le regalaba flores a una niña de mi salón, y esta vez, cortos e infantiles poemas y a veces algún chocolate, escondidos en secreto por mí en su mochila, y sin hacer mención alguna de mí en dichos poemas. Pese a esto, nunca llegó a suceder algo más, yo era muy tímido en ese sentido, y esperaba a notar alguna señal, algún cambio en la simpatía de esa niña hacia mí, pero nunca ocurrió. Sin embargo, esto no trajo consecuencias negativas. Fue un recuerdo que quedó atrás cuando, a finales del 2do año de primaria, me volvieron a cambiar de colegio.

Haré un alto en la historia para añadir otros detalles sobre estos años "dorados". De niño sí era muy enamoradizo, pero ya había aprendido algunas cosas "teóricas" sobre el amor, y ya me había formado ciertas ideas propias al respecto. Sabía que la relación de mis padres era especial. Que su fidelidad y su amor, con base en una amistad sólida en confianza y respeto, era algo único y valioso. Y que esto no se lograba dando rienda suelta a los deseos y caprichos del cuerpo. Aprendí a corta edad lo que era valorar y atesorar la belleza interior de otra persona, y a buscarla por encima del deleite superficial que producen el cuerpo y lo que puedes obtener de otro. Comprendí lo importante y significativo de la verdadera amistad, de ser desinteresado a la hora de ayudar a otros, sobre todo a los que nos quieren. Y algo que aprendí bien también, fue a ponerme en el lugar de los demás, a entender lo equivocado que es hacer el mal que uno mismo no quisiera recibir en primer lugar.
Todo este enriquecimiento se dio en un entorno en el que habitualmente éramos solo mis padres y  yo. Por lo tanto, la amistad y el amor era más unas altas metas a alcanzar, unos premios que soñaba con disfrutar a lo largo de los años; que vivencias que ya estuviera experimentando. 
En otras palabras, desde aquella época en la que era feliz, contaba con muy pocos amigos y mi experiencia de la "vida real" era casi nula. Por ello es que nunca estuve preparado para el infierno que se avecinaba tras mi 2da transferencia académica. Con esto concluyo esta primera parte.
Esto no significa que el siguiente post sea necesariamente la continuación de este relato. Ya iré contando sobre mí a su tiempo, pero mi desánimo y malestar me obligan a hablar también sobre mis penas actuales.
Son las 11 de la noche y creo que por hoy he escrito suficiente, mas bien procuraré en lo poco que me queda frente al computador, añadir un par de entradas en otras secciones del blog. 
Me despido.

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