Hoy he revivido varias memorias nefastas, he enfrentado diálogos mentales bastante dramáticos y he concluido que por más tiempo que pase, las heridas siguen a flor de piel. Pero el hecho es que mi tragedia personal no es primordial en la agenda de ninguna institución académica, por lo que mejor voy a dormir ya mismo para estudiar mañana temprano para el examen más próximo. Buenas noches.
martes, 22 de julio de 2014
domingo, 20 de julio de 2014
Dormitando con los ojos abiertos
Son más de las 0:00 am y estoy casi muerto luego de una tarde de intenso ejercicio en el parque, bajo un cielo totalmente nublado y una humedad penetrante. Apenas me mantengo despierto en estos momentos, así que me despido sin más. Buenas madrugadas.
sábado, 19 de julio de 2014
Regresando del infierno
Han transcurrido casi dos meses desde la última entrada, desde aquel día en que los últimos brotes agónicos de esperanza fueron aniquilados para siempre. Esa noche comprendí que la poca confianza que sobrevivía entre nosotros había perecido ya. La discusión, las acusaciones y los reclamos fueron de una magnitud tal que hoy sigo no solo sin saber de ella, sino que tampoco he hecho el menor acto de presencia en facebook, no he vuelto a clickear un solo link que involucre ingresar a la gigantesca red social.
Qué puedo decir? No pude cumplir conmigo mismo, ni con ella, ni siquiera con el blog. Me propuse ser constante con esto, y prometí no abandonarla, sin importar cuánto dolor tuviera que cargar en el camino, pero finalmente sucumbí, no podía brindar seguridad y protección ni si quiera a mi persona, en consecuencia, tampoco a ella.
No logré sobreponerme a su desconfianza, tan injusta y demoledora, que arremetió contra mí tan fuerte y de improviso, que me dejó emocionalmente noqueado durante un buen rato.
Después de tantos meses de sufrir en silencio, de ser desgarrado por dentro con una crueldad inhumana, de desearle lo mejor y suplicar por su bienestar, aun si yo moría lentamente cada día, de haber alejado de mí desde un principio cualquier intención de venganza y chantaje contra ella, o de cualquier sabotaje hacia su nueva relación, pese a cuanto me falló y decepcionó, pese a como fue capaz de tirar un amor incondicional a la basura solo por un capricho hormonal; después de intentar seguir estando allí para ella cuando me necesitara, aunque ya hubiera perdido las ganas de vivir; después de aquel infierno en el que procuré no involucrarla para no hacerla sentir culpable, ELLA SE ATREVIÓ A DUDAR DE MÍ, a pensar de que yo podría estar buscando una forma de dañarla, de ridiculizarla, de atormentarla, o que sé yo que otras atrocidades más. Leer aquellas palabras era algo casi irreal, por un momento quedé catatónico. Luego vino la incredulidad, me aseguré inmediatamente de que fuera ella, pues no daba crédito a lo que sucedía. Era la primera vez en meses que no veía su rostro en la pantalla, y nunca había sido invadido por tanta tristeza y desdicha al hacerlo. Era ella. Al instante me dominó la indignación, la ira y el llanto de un corazón que ya no resistía una estocada más. Mi mente se llenaba de recuerdos, de mis confidencias para con ella, de mis promesas de amor, de cómo compartí mis miedos y mis sueños con ella, sin esperar algo a cambio, o temer que algún día ella pudiera buscar mi mal o mi sufrimiento. Recordé su pasividad y buena disposición ante las constantes insinuaciones del tipo, recordé sus faltas, como aquel beso en el bus con ese, que luego confesó avergonzada, y otras cosas que nunca me contó pero que también sé, y que cargan culpa en su conciencia.
Fui yo el que recibió los duros golpes que dio a la confianza que deposité en ella, mientras yo nunca la traicioné, ni dejó de ser la dueña de mi anhelos y alegrías, aun habiéndome dejado a medio morir en este desierto de mi propia soledad, que abrasa sin misericordia mi espíritu sediento por la luz de sus ojos y el eco de su voz; y que al mismo tiempo congela mi palpitar y me sepulta en la tumba de su silencio e indiferencia.
Creyó que me deshice de mis demás contactos para hackearla con facilidad, para actuar contrariamente al amor que siempre le juré. Fue capaz de pensar eso, después de que siempre trate de ser un libro abierto, y que le conté mis secretos más vergonzosos y la hice participe de mis facetas más extrañas e íntimas. Después de confesarle mis debilidades y mis defectos, aun habiendo podido ocultarlos para crearle una falsa imagen de mí, de una persona superior al tímido, débil y extraño chico que en realidad soy.
Me enfurecí. Le dije que si había eliminado a todos mis demás contactos, era porque estaba encerrado en un holocausto emocional que me empujaba a odiar la vida, a deshacerme de todo lo bueno que tenía, a dejar en el olvido a mis mejores amigos, a visualizar la muerte en cada acción y cada pensamiento, a rechazar cualquier otro sueño que hubiera tenido antes, pues todo significaba nada sin su presencia en mi vida. Y aun así, no la había podido borrar a ella, incluso un cortante "hola" lograba mantenerme lo suficientemente cuerdo y me alejaba de una conducta suicida apenas manejable.
Solo no se lo había dicho antes, porque aun en esta pérdida de mí mismo, no quería que sufriera con la culpa, o con que la tristeza saber sobre mi estado la afectara de alguna forma. Traté de protegerla de cualquier sensación negativa, pero su insistente exigencia de una explicación a mi falta de contactos me destruyó, me deshizo como un espejo recibiendo múltiples pedradas. Creo que las pedradas hubieran sido preferibles. Una parte más de mí murió en mi interior aquella vez.
Le dije que si tanto desconfiaba de mí, que si el que yo le hubiera dicho y siempre le hubiera procurado demostrar que la amaba ya no importaba ni le bastaba para estar segura de que no la dañaría; entonces para su tranquilidad iba a eliminarla de mi face y dejar de estar presente. Ella me insistió en que no quería eso, que solo quería mi respuesta, nada más, pero el daño irreparable de sus palabras y también de las mías ya estaba hecho, y mi decisión ya estaba tomada. Lo hice y luego sentí que me iba a desmayar. El cuerpo se me enfrío como si toda la sangre hubiera huido de mi cuerpo. Me desmoroné, me contraje como un ovillo y comencé a llorar con fuerza. Mi voz se había perdido a mitad de mi garganta, ya no lograba gritar, presionaba mis huesos unos contra otros, tanto que creí que mis costillas estaban por romperse. Mis ojos estaban en medio de un mar tan abundante y agresivo, que por momentos creía que se me saldrían y también ellos terminarían rodando por mis mejillas. Mi papá me encontró e intentó averiguar que me ocurría. Intentaba que dejara de estar hecho una bola, pero era como si las partes de mi cuerpo se hubieran adherido como imanes entre sí. No podía ni hablar, lo intentaba pero cuando lo hacía, se me iba el aire y me asfixiaba, las palabras y el llanto se atoraban en mi laringe y hacían un nudo tan grande que parecía hincharse y estar por explotar.
En estos momentos es de madrugada, y lo que queda por contar solo es la preocupación y tristeza de mi papá, tratando de calmarme y consolarme, mientras me obligaba a beber algo de agua de azar, pues yo no dejaba de temblar, los nervios se me hacían trizas.
Hoy me hallo aquí, frente al computador, desolado y nostálgico, forzándome a volcar mis pesares una vez más en este medio virtual, para sobrevivir a esta nefasta existencia y así cumplir con las metas que alguna vez fueron motivo de alegría para mí, y que hoy solo las conservo para no de defraudar a mis padres y corresponder su amor con el amor que también siento por ellos, pero que es atacado a cada momento por esta enfermedad voraz del desamor que me despoja de todo y me arroja a un abismo negro e interminable.
Me despido, revivir todo el tormento ocurrido en estas largas semanas me desvelaría más de la cuenta, y tengo obligaciones que no debo descuidar, buenas madrugadas.