Pienso en qué escribir, y solo siento una nostalgia que incluso me aleja de otros pensamientos, me consume en su inmensidad, en su quietud, en recuerdos que me causan dolor, pero que al mismo tiempo, reviven por breves instantes, la felicidad que alguna vez fue parte de mí, y que luego se retira violentamente de mi carne, como un cuchillo clavado que deja tras de sí una hemorragia de desdichas y lamentos.
El pasado es ahora solo una bendición pasajera que precede al martirio que es mi presente y que transforma en infierno lo que alguna vez fue un anhelado futuro.
Supongo que será más que un cliché desterrar la duda de qué motivo está detrás de todo este testimonio pesimista, con la siguiente respuesta: amor.
No, no creo ser el típico adolescente que despierta en la oscuridad los primeros días después de un rompimiento. En definitiva, soy una persona extraña. Pero aparte de ello, soy mas bien la lúgubre sombra de quien, hasta hace unos 6 meses, era un alma iluminada por la realización de su mayor sueño: haber encontrado a la compañera de su vida.
Estoy por encaminarme a dormir, pero no me satisface hacerlo sin antes mencionar lo serio que esto es para mí, para alguien que esperó conocer a quien se convertiría en su razón, futuro y alegría, durante casi toda su vida. A un tímido y reacio ante las relaciones superficiales, los besos y afectos fáciles, que halló a su ángel que luego se apartó de él sin más.
Pese a todo el sufrimiento, sigo imaginando constantemente cómo sería el volverla a ver sonreír mientras pronuncia esas sencillas palabras: "te amo". Después de tanto tiempo, me convenzo cada vez más, que no soy capaz de reemplazarla, aunque su recuerdo me lastime y me orille a un abismo de desconsuelo. Con el brillo de sus ojos impresos en las pupilas de mi mente, me retiro por hoy. Buenas madrugadas.
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