Hoy vuelvo a reflexionar y me doy cuenta de que una parte de mí se desespera por el contacto humano, y sobre todo, por el contacto femenino. Pero estas no son más que sensaciones instintivas y hormonales, acrecentadas por el abandono de ella, por los sinsabores e ingratas sorpresas que fueron surgiendo poco a poco, por las heridas perennes en mi espíritu a causa de su desconfianza y su injusto distanciamiento.
Es verdad, a veces quisiera olvidar, iniciar de nuevo, perseguir una nueva ilusión, una nueva musa. Pero solo estaría siendo hipócrita conmigo mismo. Mis impulsos serían los deseos, la curiosidad y el egoísmo. La búsqueda del placer, de satisfacerme a mí mismo, de usar a las chicas como objetos, de besar sus labios y acariciar sus formas, tendrían como única intención el excitar mi cuerpo y aliviar mi soledad. Y esto lo digo porque aun la amo a ELLA. Por esta razón, no podría ofrecerle nada diferente a otra mujer, mas que un vacío y una relación estrictamente carnal e interesada.
Yo no soy ese tipo de persona. El simple hecho de imaginar aquella alternativa me repugna. Sería el fin de mi persona como tal, dejaría de existir, moriría interiormente, daría los primeros pasos hacia un destino despreciable.
Sin embargo, también soy hombre. No puedo negar que la tentación es grande en ciertos momentos. Después de todo, los besos y las caricias son expresiones hermosas del amor. Y es el amor mi mayor ilusión, mi mayor anhelo desde que tengo uso de razón. Por eso odiaría convertir algo tan valioso como la sexualidad en una simple herramienta de placer carnal.
De todas maneras, esta desesperación de tener a alguien a mi lado, esta confusión, también es en gran parte mi culpa. No enfrentaría una existencia tan despiadada si no me odiara tanto, si no odiara tanto mi vida. Si no hubiera decidido por cuenta propia estar solo, alejarme de mis amigos, distanciarme de mis padres, enmudecer en el silencio en medio de mis tormentosas abstracciones y meditaciones masoquistas.
Y me pregunto ahora si acaso es o no normal que alguien que se ha aislado del resto por casi 10 años, vea a una chica sonreír por la calle, y quisiera que dicha sonrisa fuera para él, que para aquella chica uno fuera único e indispensable; aun sin conocerla ni saber sobre sus sentimientos y carácter.
Pienso que sí es normal, pero obviamente ese sentir solo es subjetivo, es la suma de querer compañía y experimentar cosas nuevas. No es amor, y en mi caso, no llegaría a serlo después.
Tal vez deba hablar más de mí mismo, de mi historia. Creo que no me preocupa mucho, la verdad.
Entre las cosas que me duelen, están la falta de detalles, de valorarlos y recordarlos. Y ella es olvidadiza en varias ocasiones. Ella no recordaba el nombre de su propio blog, y yo no creo olvidarlo jamás. Por eso me entristece suponer que ella seguramente ya no recuerda el nombre de mi primer blog, por lo que es imposible que llegue a leer todo esto alguna vez, o si quiera de enterarse que hice un nuevo blog. Por ello, creo que hablaré más de mí mismo, de mi historia y mi tortuosa vida, en los siguientes posts.
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