miércoles, 3 de septiembre de 2014

Tensión inevitable

Aquí me reporto, luego de haber dormido tan solo 1 hora, para luego levantarme e ir temprano a la universidad, y pasar por un sin fin de percances, propios de un trabajo hecho a última hora. Estoy cansado y sin motivación para avanzar con esos informes y presentaciones que continúan menguando mi tiempo de estudio. Estar bajo este estrés y cansancio, me va haciendo reflexionar cada vez más sobre lo dura que va a ser mi vida en adelante. Voy experimentando lo crudo que es estar muy dedicado a las obligaciones, mientras en los pequeños ratos libres que me quedan para meditar y relajarme, me hallo a mí mismo triste, solo y en medio de un silencio que parece gritar todas mis tragedias, y que me envuelve en un canto nostálgico que me conduce hipnotizado y sin vida por las frías calles de un mundo al que ya no siento que pertenezca.
Me doy cuenta que esta vida deja muy poco espacio para los amigos y el amor, y pese a que ya me alejé de mis amistades y me niego a entablar otras nuevas, me aterra el verme olvidando a aquella que aun amo, pero que temo dejar de amar. Cuando eso ocurra, sé que habré muerto definitivamente. El dolor que siento es horrible, pero la futura indiferencia ante su ausencia me paraliza y me quita el aliento. Ser indiferente a la etapa de mi vida en la que más soñé y más amé, sepultar aquellos sentimientos, equivaldría a enterrar mi propia alma. Odio admitirlo, pero en días como hoy, en los que el estrés del estudio casi no dejan lugar para recordar cuando ella me amaba, me llevan a creer que algún día dejara de importarme. Ese día también dejará de importar cualquier otra cosa. Estoy a pocos de pasos de dejar de existir, de dejar de reconocer a quien a veces encuentro frente al espejo, estoy cerca de convertirme en un autómata, manejado por el interés y el deber, más no por la amistad y la buena voluntad.
Me despido, buenas noches.

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